Aproximarse a la vida y la obra de Salvador Dalí es toda una aventura. Personaje loco; excéntrico, quizá tan excéntrico que la propia palabra no le hace justicia, creativo e imaginativo a todas luces y prolífico como pocos, digno de admiración. Surrealista. Y uno de los españoles más internacionales de todos los tiempos, un genio absolutamente irrepetible. Su obra abarca la pintura, la fotografía, el cine e incluso se atrevió con la literatura; sus colaboraciones, no menos importantes, van desde trabajos junto a Luis Buñuel y Federico García Lorca a Walt Disney. No se puede escribir nada sobre él que no esté ya escrito. Sus cuadros, hablan por sí mismos:
La jirafa ardiendo
El torero alucinógeno
El gran masturbador
Cisnes reflejando elefantes
No os cuento nada nuevo, vaya. En cualquier caso, Dalí merece un mínimo de atención, guste más o menos, por su única e impactante originalidad, por lo diferente de sus obras. Ya sea por un trabajo de clase (como en mi caso) o por pura iniciativa propia, Salvador nos espera.
Al fin. Después de no sé cuántos años en Madrid, he ido al Prado! No voy a justificar el por qué he tardado tanto. Tampoco voy a utilizar de excusa que hice el bachillerato de ciencias de la salud y que las asignaturas de arte ni las olí. No fui antes porque no me dio la gana. Menudo imbécil. En fin, que la experiencia me ha resultado más que satisfactoria. Sólo quería destacar un par de cosillas:
- Pinturas Negras de Goya: un total de 14 que pintó en las paredes de su casa. Impresionantes. Sólo tengo una pega, deberían haber intentado colocarlas de la misma forma en la que estaba en la Quinta del Sordo (la casa del pintor). Me gusta particularmente esta del perrito.
- Sorolla: no sé si tenía sólo uno o dos cuadros, pero me encantó el de Niños en la playa. Huele a mar y a verano. Tengo que ir a la Casa Museo de Sorolla.
- Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playa de Málaga: De Antonio Gisbert (hasta hace unos días, un completo desconocido para mí, como tantos otros). Visto así en pequeño pierde encanto, pero es una obra gigantesca que me dejó atontado durante unos minutos. Muy realista a la vez que dura, parece una foto.
- El Jardín de las Delicias: Un clásico. Recuerdo que, de pequeño, curioseando en los libros de arte de mi tío, ésta era una de las obras que más me llamaban la atención. Supongo que por el colorido, no sé.
- Viejo desnudo al sol: De Mariano Fortuny. Otro que ni me sonaba.
Pues éste es mi top 5. Velázquez, por ejemplo, no me gusta especialmente. Las serie que tiene de los enanos y demás bufones de la corte tiene su cosa, pero no me acabó de convencer; tanto retrato de Borbón con cara de, bueno, cara de ser hijo de primos, no me llama. El Greco tampoco me entusiasma. Ni tanta escena mítica y/o religiosa. Pero desde luego que es una estupenda forma de pasar un domingo y, por supuesto, pienso volver.